martes, abril 16, 2013
Cuentas
Clásico que regreso de vacaciones a la oficina y me preguntan por mi novia. Entonces, en base a mi respuesta, la sorpresa se vuelve una constante.
Y me doy cuenta de que hice las cosas que ya no hago. Me enamoré, otra vez; dije 'miamor', textual; lo hice público. Corrí detrás de ti a toda velocidad, mientras tu jalabas mi mano. Después te solté y me detuve, no porque me haya cansado, ni porque se me haya acabado la fuerza (ja ja ja), simplemente porque ya sabía —pero no quería aceptarlo— que no necesito correr hacia ningún lado, y menos con alguien llevándome de la mano; aunque ya sepa el destino. No tengo prisa, así estoy bien. 'Solo', así entre comillas, porque la verdad estoy rodeado por toda la gente que tiene que estar cuando tiene que estar. Esa es una de las ventajas de tener ya un rato así: no necesito de nadie para sentirme bien, a veces hasta solo estoy mejor. Incluso, ahora esto es lo que necesito y quiero.
Me doy cuenta que romper este ciclo no significa que no esté ciclado. Porque a lo mejor todavía no puedo superar el que hasta la fecha sigue siendo mi año favorito; con la ruptura, el duelo, el mundial, el verano, el título, y aquél inicio que era pura dulzura.
También me doy cuenta que estoy viendo hacia otro lado, quizá un poco hacia atrás. Que nuestras fotos, las otras 'nuestras', están guardadas. Que a lo mejor sí me rendí muy rápido, y que no quise complicarme, cuando quizá contigo sí debí complicarme un poco; después de todo, no era tan difícil. Que te quise más de lo que pensaba o creía, y que el de los delirios obviamente soy yo, porque todavía me siento atraído por tu belleza.
Y me doy cuenta que ya es muy tarde para esto. Que a lo mejor esto no es nada más que otro episodio de otro drama. Que ya no importa.
viernes, abril 05, 2013
Aquí
Esto es tan 2010. Quizá sea porque ese fue el último año que viví aquí, aunque también pueden interferir ciertos factores psicológicos.
Desde hace un mes, cada noche que salía a correr en Tijuana, podía sentir el aire de la misma manera que cuando salía a correr hace tres años. Y obvio aquí es igual que antes.
Pero también han sido los viajes, y el sentimiento que me provocaron; hasta las fechas coinciden. La música. Sólo falta que tiemble.
Y es que tenías razón, Ensenada definitivamente es una 'pausa'. Esa pausa que me hacía falta para pensar las cosas con calma, y disfrutar del aire que me atraviesa.
viernes, marzo 15, 2013
lunes, marzo 11, 2013
Nomás
No cabe duda que siempre hay un momento específico para ver ciertas películas o escuchar determinadas canciones. El momento no es predeterminado, al menos no del todo. En mi caso, la oportunidad se presenta, y entonces decido si tomarla o no.
Tengo un año y siete meses con el 'Come around Sundown', y actualmente es mi disco favorito de los Kings of Leon —no es que les importe, pero cuándo un post de este blog ha sido importante—, y esta canción en particular, es la que menos me gustaba, es más, a veces me la brincaba.
Pero en este preciso momento de mi andar, "I can feel it", y bastante. El estado de ánimo tiene todo que ver. Ya quiero ir a Ensenada para gritarla mientras manejo, con el mismísimo atardecer sucediendo a un costado.
Just sayin'.
miércoles, febrero 27, 2013
El orgullo injustificado de un hombre borracho
La mujer le dice al hombre que ha conseguido el mejor entretenimiento posible para su fiesta: "el ________ me dijo que va a llevar a su banda el jueves. ¿No quieren tocar ustedes también?"
El hombre entiende la situación. ________ es otro pretendiente. Lo sucedido dos semanas atrás, confirman esta hipótesis. Y consciente de lo complicado que es traer a su banda a la ciudad, informa a la mujer que eso no sucederá. Pero la mujer es insistente: "entonces toca tú solo". Y la idea retumba en la cabeza del hombre, pero decide tampoco hacerlo:
—Hace mucho que no ensayo.
—No importa. tú tocas antes, para que no se vea tan mal.
—(Gesto de inconformidad).
—Bueno pues, como quieras.
Con el paso de los días la mujer se vuelve más insistente, y el hombre ya empieza a considerar el hecho de tocar. Finalmente, un día antes de la fiesta, la mujer le pide con tantas ganas que se presente, que el hombre decide hacerlo, pero como una sorpresa.
A unas horas del gran festejo, el hombre practica las cuatro canciones que cree serán del agrado de la festejada, y sus invitados. Logra fácilmente recuperar el ritmo. Se siente confiado, está seguro que será una gran sorpresa, el momento en que la mujer le pida que cante una canción, y él, asienta mientras va por su guitarra al auto. Esa idea predomina en su cabeza.
Pasan las horas, y todo transcurre normal. Un amigo del borracho le pregunta si ha asistido con la guitarra. Preparan un set imaginario para presentarse después del acto estelar. Sin embargo, esa idea parece haber desaparecido en la cabeza de la mujer; no hace ni el más mínimo comentario para incitar al borracho a cantar.
La banda llega al lugar del festejo. El ambiente cambia. Todos los comentarios giran en torno a la presentación estelar. El borracho sabe de las cualidades del grupo: "son muy buenos, pero cantan de la chingada".
La noche transcurre normal, la banda es todo un éxito. Mientras tocan, la mujer hace un comentario al oído del borracho, uno que cala. Y con unas cervezas encima, la molestia se torna insoportable; injustificadamente, claro, porque como bien decía mi abuela: "al que no habla, Dios no lo oye".
La banda termina de tocar. La mujer nunca le pidió al borracho que cantara. El borracho, que ya le hace honor a su nombre, se pierde en su injustificado coraje, e inicia su show con un reclamo. Es por el comentario al oído. Nunca porque, en su delirio, gracias a la actuación del pretendiente, la mujer se olvidó de pedirle, si quiera una tarareada al borracho.
Pero la fiesta sigue sucediendo, y entre reclamos, la gente pasa buscando a la mujer. Una de esas personas que busca a la mujer, es obviamente, el pretendiente. Y el borracho sabe que ha echado a perder todo, entonces se esconde, como el cobarde que es.
—¿Qué te pasa? ¿Estás bien? Vi que saliste corriendo detrás de ese vato.
—Todo bien.
—¿Segura?
—Sí.
El borracho no puede soportar la idea de que el pretendiente intente cortejar a la mujer, en sus narices, aunque aquél no lo sepa. Y pierde el control. El coraje injustificado ya es una mezcla de todo, pero más que nada, el borracho siente herido su orgullo. Porque según sus delirios, el pretendiente hizo olvidar a la mujer lo bien que el borracho se comportaba, hasta el grado de recibir el insulto, detonador del orgullo quebrado. La evolución está en las fotografías.
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